jueves, 7 de mayo de 2009

El día: Papá


No me llevo bien con mi padre y me pasé algún que otro trayecto de autobús pensando en cómo hacer esta entrada, incluso en si hacerla o no, soy así de cabrona.

Pienso en Herbert von Karajan en gordo.

Cuando yo no era yo, solía ir con mi padre de paseo en coche. Escuchábamos alguna obra maestra de la música clásica, algo verdaderamente sublime. Luego él me examinaba: ¿Cuál es esta? Y yo: Concierto para piano y orquesta n.º 1 de Tchaikowski. ¿Qué instrumento es ese? Yo: un oboe. ¿Quién compuso esta obra? ... (esa era difícil) ... ¡Telemann! Muy bien. Sí señor. Telemann.

Ni su madre ni su padre confiaron en él. Niño llorón, le llamaba mi abuelo. Sin embargo nadie aguantaba a mi tío, era mi padre el rey de la pandilla. Imaginaos, en un pueblo pequeño no tengo más que decir que soy hija de von Karajan, el Juez de Paz, el de las paellas, el del vinito peleón, el ex-militante del PSOE (todo por joder al falangista de mi abuelo). No tengo más que decir que soy hija del que hizo la fideguá el día de San Roque. Aquel que trajo los chorizos del Bierzo. El que nunca falla. Ese es mi padre.

¿Por qué entonces, nos llevamos mal? ¡Si este señor es la alegría de la fiesta! Os cuento:

Al poco de volver de Anglosajonia, estaba yo viendo una película en el salón de casa. El salón de casa es SU territorio, pero como yo había vivido fuera tanto tiempo no lo sabía. Él entró y se fastidió, se tumbó en el sofá y se echó a dormir, roncando considerablemente. Todavía tuvo las narices de ordenarme que bajase el volumen, que la tele le molestaba. Yo le dije: Papi, te vas a tu habitación, que allí hay una linda cama donde puedes dormir la siesta. Pero él nada, el salón es SU territorio. Cuando se levantó para arrebatarme el mando y bajar él mismo el volumen, algo se resquebrajó dentro de mí. Ya sabéis que volví bastante trastornada de Hastings; no estaba Pato para bromas. De un salto empujé el enorme televisor al suelo, donde explotó. Luego, llorando de rabia, salí corriendo de casa. No hemos vuelto a hablar con normalidad desde entonces, a pesar de sus esfuerzos.

Ya sé lo que estáis pensando: Oh, una pelea por el mando, dios, qué mundanal, perder un padre por eso. Pensad lo que queráis, la que tiene que vivir con él soy yo, es mi madre, era mi hermana y todas coincidimos: es insoportable.

Me encojo de hombros, pues. Le quiero. Le quiero mucho. Incluso le admiro, a veces. Nunca me ha fallado y "nunca" tiene fecha de 33 años, suma y sigue. Hoy es él el cumpleañero. Y quizás tenga cáncer. Así que debo arreglar esta situación. Pero lo dejaré para mañana, como he venido haciendo todo este tiempo. Mañana, papá. Mañana.

domingo, 3 de mayo de 2009

El hombre del día: Mr. T


Mr. T está hoy de cumpleaños, pero muy lejos de aquí. Tan lejos que casi me olvido. Tan lejos que no podremos celebrarlo juntos. Lejos, como para no tener ganas de nada. Una taza de té, a lo sumo.

La primerísima conversación que tuvimos fue sobre su hermana, Moon. Había fallecido hacía tres años en un horrendo accidente de tráfico, dejando huérfanos a sus dos hijos. El resto de su familia era de una tonalidad británico-pintoresca que me supo a gloria: un padre y una madre artistas, que viven en una casita de chocolate con paredes de obras de arte y artilugios curiosos. Hermanos independientes, la coleccionamaridos y el gay recalcitrante, divertidos. Los niños. Niños como yo no había conocido hasta entonces; educados, inteligentes, cariñosos. Mr. T me ofrecía todo aquello y más.

Durante años nuestra vida juntos fue un continuo viaje. Todos los veranos planeábamos un destino distinto e intentábamos ser otras personas en cada uno de estos lugares.

Pero Mr. T lleva demasiadas cosas dentro y sigue, sigue buscando, buscando una de esas cosas para que haga click, de una vez por todas. Tiene miedo a la vida. Tiene miedo a perder a sus seres queridos (ya ha estado ahí). No se enfrenta, porque tiene miedo, no se queja, prefiere coger sus cosas e irse, siempre habrá otro lugar, otra China, otra India que le espera. Una playa donde sacará una fotografía sobrecogedora. Un museo que le dará ideas. Porque todas esas cosas que componen a Mr. T son belleza, arte y colores. No hay nadie más tranquilo ante la cara de lo Hermoso. Es su mundo, donde ha crecido, es el aire que ha respirado. Del West Harling más suburbano, al Weston Colville más pastoril.

Una cerveza. Un vaso de leche. Una taza de Earl Grey.

Yo solía esperar a que él llegase. Esperar a que llegase... Yo era una horrenda Gorgona entonces (lo sigo siendo, solo que ahora no tengo con quién) y él seguramente sufría. Afirmo pues que la paciencia es su mayor virtud y la característica más salientable de este inglés cumpleañero. Era yo la que esperaba, pero él era el paciente.

Es tan difícil encontrar a una persona buena. Somos todos afortunados de que él exista; nos da esperanza, como raza, nos da un ejemplo, como personas, nos presenta un modelo de prioridades escogidas, un alma serena, libre de prejuicios. El afán de crear. Tenerle como amigo es poder contar siempre con alguien. Una voz al otro lado del teléfono que escucha activamente. ¿Soy yo igual de buena para él? Quisiera serlo.

Casi cuarenta años, ¿y quién habló de estabilidad? No es estable la vida del artista. Inquietud por el mundo, para Mr. T, el ancho mundo. Pero el miedo... claro, cuando todo se balancea, es imposible no tener miedo a la caída. ¿Sabrá que estoy aquí para recogerle, si se diese el caso? ¿Le habrá quedado claro que le quiero? ¿Se siente libre para confiarme sus secretos, del mismo modo en que lo hago yo? Quizás ya no le conozco. Quizás me equivoque. Y si es así, ojalá me permita estar a su lado el tiempo suficiente para ver el resultado final de su obra.

Mr. T: Peanut. What did you do with all those dreams?

lunes, 13 de abril de 2009

(Inciso): Soror Lura


Mi hermana cumple años. Mi hermana pequeña.

Casi no recuerdo la vida sin ella.

Fue una hermana pequeña típica y atípica en medidas iguales: rompía mis juguetes, nos peleábamos, escondía mis cosas, me copiaba... pero no se empeñaba en seguirme a todas partes, era valiente y era ella quién tenía grandes celos de mí.

Lurita tiene un tesón que deslumbra. Por todo se esfuerza el doble. Un sobresaliente en su Ciclo Superior de Nutrición es algo que solo ella consiguió. Comprar un piso y decorarlo, hacerse independiente, ir en moto a todas partes, aprender a cocinar y a hacer repostería, clases de yoga y de pintura. Todo muy normal, pero todo con esfuerzo doble. La dislexia no ha podido con ella. Ahora saca libros de la biblioteca, unos tochos enormes de novela histórica (¡por dios!) y se los lee enteritos, cuidándose bien de anotar en una libreta todas las palabras que desconoce para buscarlas luego en un diccionario (o preguntármelas a mí, que me tiene por culta, ja, ja...). Le encanta leer en voz alta y ahí sí se le acusa la dislexia, pero por eso tiene más mérito, porque le da igual, sigue adelante, aunque tenga que repetir diez veces la misma palabra, o la frase entera.

Lura sabe quién es. Se ha puesto una meta asequible, que no poco ambiciosa. Tendrá que luchar con uñas y dientes; bien, está acostumbrada, no hay problema.

Hace casi una década, cuando yo no vivía aquí, nosotras no éramos hermanas, sino parientes que se veían de vez en cuando y entonces solíamos ir a beber un "chupito de hermanas". Ella es muy divertida cuando está borracha (bueno, normalmente es muy divertida, tiene un sentido del humor inocente y detallista, La Reina de las Cosas Pequeñas, la llamaría yo).

Cosas que hace Lura:

-Ir a Vigo de compras casi de noche.

-Quedarse hasta las dos de la mañana haciendo un pastel.

-Coger la moto e irse a alguna playita remota a leer en voz alta.

-Untarse los pies de crema hidratante.

-Abrir las puertas sin llamar antes.

-Decir "Hola, Pochi" cuando habla por teléfono con su novio Cobra.

-Negarse a comer algo porque: "Es que me sienta muy mal".

-Llorar.

-Llamarme Monkey (o sea, monqui).

Cosas que Lura no hace:

-Andarse con tonterías.

-Perder el tiempo. Excepto los domingos.

-Ir a las procesiones de Semana Santa.

-Coger películas buenas en el vídeo club: prefiere las "entretenidas".

-Dar su brazo a torcer.

-Mascar chicle.

-Salir de casa sin protector labial.

-Contar mentiras, ni aun cuando son necesarias.

-Ir con segundas. (Carece de ese tipo de maldad).

-Negarse caprichitos. La vida es muy corta.

En general, Lurita sabe lo qué le conviene. Pero igualmente, yo sufro por ella. Es tan delgada y tan cambiante... Sigo creyendo que necesita un guardián protector, aunque seguramente se trata solo de amor de hermana mayor. Pues no somos amigas: somos hermanas. Yo soy demasiado hermética y demasiado retorcida para que nos podamos entender. Sus planteamientos son sencillos, no se ajustan a la realidad de alguien con doble, o triple, personalidad. Ella siempre ha aprendido las lecciones que le ha dado la vida, por duras que fuesen y, a día de hoy, no conozco a nadie más que haya tomado decisiones con la frialdad que conlleva el tener los pies en el suelo.

Lura cumple años. Ya no es pequeña. Hace lo que tiene que hacer. Y yo la quiero más que a nadie, la quiero porque me cae bien, porque es mi hermana, porque no me entiende y no por ello me da la espalda, porque con ella La Verdad va en mayúsculas, porque me gusta ir de paquete en la moto, a la brisa de verano, a bañarnos en la cala. La quiero porque la gente que no la quiere es siempre gente mala; he ahí la clave. Quién desdeña a mi hermana tiene el corazón podrido.

Feliz cumpleaños Luri. Nunca vas a leer esta entrada.

viernes, 3 de abril de 2009

(Inciso): Caracol-cou-Cousas


Con la rapidez de un caracol. Pues no hay prisas. Que espere el mundo. Mi ritmo es mío.

Cuando pienso en Cousas me viene a la cabeza tal avalancha de anécdotas que me quedo mareada, sin saber cuál elegir. Hace toda una vida que nos conocemos y reímos juntas.

Cousas es muchas cousas:

-Niñita vestida de rosa que se dedica a tirar piedras en el monte y a rodar por lo capós de los coches en plan Corrupción en Miami. Con el conductor del coche dentro.

-Pre-adolescente bastante rebelde que baila al son de una canción guarra de Prince. Delante de todo el colegio. De monjas.

-Adolescente de peinado curioso que ya despunta en su estilo al vestir, que se dedica a pedirle a alguna amiga que empeñe los objetos de oro de su familia. Y que roba huevos de mármol en puestos callejeros. Porque sí.

-Chica de rostro angelical, aniñado, que trabaja y estudia y sobresale en todo lo que hace. Siempre sobresaliente. Siempre.

-Joven emprendedora que, si fuese un pulpo, tendría los ocho tentáculos ocupados. Dedicándose en cuerpo y alma a lo que le gusta, superando sus miedos, cabalgando el subir y bajar de sus problemas. Sin abandonar su buen sentido del humor. Nunca.

-Mujer profesional, guapísima, valorada en su trabajo y admirada por todos los que la rodeamos, que hace limpieza cada cierto tiempo. Limpieza a fondo.

-Cousas: amiga. Ir con ella a la playa y sacarnos fotos con una cámara subacuática. Coger el coche y rular por ahí, por donde cuadre. Pasar una tarde sembradas, de carcajada en carcajada, mientras los demás nos miran (¿estarán locas? ¿de qué se ríen? Bah, vosotros no lo pilláis). Sándwich de queso y bocadillo de Nocilla. Chupachups de sandía. Hacer dedo hasta Vigo y ¿qué hora es? : las cuatro, mujer, las cuatro. Siempre son las cuatro. Quitarnos de encima al Banderas no tuvo precio. Rollo maribollo sin falta en los baños del Vade, que hay mucho que ver, mucho. Volver de la noche copera y revolcarnos de la risa las dos en su cama (no sé, tenemos un momento de lucidez justo antes de dormirnos, es sistemático). Plan del Chocho, sacado con sudor y sangre de nuestros maquiavélicos cerebros, hartas ya de tanta mierda. Explota, explótame, expló, que dice Raffaella. El tequilita, ay el tequilita... Bueno, por lo menos ya no me hace beberlo de un táper. Jugar al Un, Dos, Tres en el graffiti de Tutu: Por cinco mil pesetas, nombres de números... Pi. Abrazarnos a Manu Chao.

Conversación en el coche viniendo de Santiago:

Cousas- Jo, no soy nada creativa, nunca hago nada artístico.

Pato- No digas eso, tía. Recuerdo que cuando tenías quince años ibas a cerámica. Se te daba muy bien. Me regalaste un colgante muy chuli. Aún lo tengo.

Cousas- (tras un breve silencio) Bueno, ya han pasado quince años y te lo puedo contar... Ese colgante... ¡Lo mangué en Agarimo!

Carcajada que casi nos hace chocar.

Pato- (secándose las lágrimas) Pues, ya que nos sinceramos... ¡Es un colgante horrendo!

Carcajadas aún más grandes. Morimos y resucitamos.

Y es siempre así con ella. Es una gran optimista. De la situación más grave saca el chiste. Comienza a conocerse de veras, a ofrecerse una calibrada autocrítica. Salir adelante con un kilo de responsabilidades, impuestas y auto-impuestas. Ser sincera y cariñosa, ser la perfecta anfitriona, ser una gran organizadora, ser ocurrente y amable con todos, ser la mejor aparcando coches del mundo mundial, ser una chica Cosmopólitan, la que mejor lleva el palabra de honor y los lazos, de rubia, de morena, de pelirroja o de verde botella. Cousas, siempre.

A mi maravillosa amiga Cousas: Te quiero, caracol.

domingo, 8 de febrero de 2009

El especial del día: La Princesa en el Jardín


Finales de otoño del 96, Pontevedra. Yo llegaba tarde y me apresuraba entre el viento frío, con mis botitas violetas y mi minifalda naranja. Frente al ayuntamiento, me esperaba una personita diminuta, empequeñecida aún más por el enorme marco que la encuadraba. Camuflada en una gabardina verde cuatro tallas más grande, sonreía entre tímida y aliviada. Era La Princesa.

Primera impresión: Esta chica quiere desaparecer del mundo. Crear su propio agujero negro que la chupe hacia dentro. Adolescente con iris de zafiro. Su voz suena como debajo del agua, distante y muy baja. No sabría decir si esa carita linda y gatuna es la de una víctima o la de un siamés caza-ratones. Con el tiempo le di otros nombres; hada, ángel de la guarda, musa.

Las cartas seguían llegando y durante muchos años fueron negras y viciosas, malsanas. No reproduciré nada aquí, pero si este blog os parece en algo morboso, os aseguro que no le llega a las suelas de los zapatos a nuestras queridas cartas. Me daban la vida. Recibirlas era una bendición satánica. Porque nunca me escribió a máquina, sino a mano. Nunca dejó de lado las metáforas.

Poco a poco, no sé cómo, comenzó un ritual hermoso. Un día me encontré deseando estar sentada con ella en esa cafetería, en esa mesa, conversando esa conversación. Me pongo todavía nerviosa cuando me llama por teléfono. Comienza el acto de seducción. Muchos años de amistad y muchísimas cartas, pero pocos encuentros cara a cara, que sin embargo, no nos impidieron crear un ambiente cotidiano y dulce, en el que incluimos café, museos, paseos, comics, gangas, fotos, bocatas de tortilla y trufas.

Hace unos años, de pronto, La Princesa florece. Y me gusta este verbo porque así fue: se abrió una flor, sacó a brillar los pétalos. No era la misma- era aún mejor.

Incrédulos y deleitados, los que la amamos pudimos constatar cómo esta chica pequeña y flaquita se agrandaba a base de personalidad, confianza, amor, proyectos, tablas vividas. No poco tuvo que ver Lo, su futuro marido, al quien desde aquí mando un beso. Sospecho que en el rostro radiante de La Princesa, Lo dio la pincelada final. Fuera lo que fuese, aquel verano apareció bella y feliz. A su manera. No dejó atrás la timidez, no del todo. No dejó de ser quién es. El espíritu gótico punk se lleva dentro y yo aún evoco, al escuchar su nombre, ciertas palabras clave: Misfits, Ramones, Vincent Prince, Jack Skellington, tablillas cuneiformes,Fellini, Chicago, Edward Gorey, tesis doctoral... ¡Dios mío, cuántas cosas he aprendido de ella! Me dio a conocer a Backyard Babies y a The Black Halos. A Fuseli, mi entrada de ayer. Nuestro Cadáver Exquisito. Su Sebastián contra mi Ares. Mil y un relatos maravillosos. Tantas cosas...

Así es el jardín de La Princesa; como las Catacumbas parisinas donde se guarda la esencia del ser humano- los huesos. Los mejor de nosotros. Lo que más nos hace pensar. El símbolo del tiempo, la vida y la muerte.

Princesa: Nunca te he escuchado pronunciar una mala palabra, nunca he tenido un momento aburrido contigo, nunca me has dejado indiferente. Si no hemos estado de acuerdo, pues nos lo hemos dicho. Si hemos descubierto algo nuevo, pues lo hemos compartido. Siempre he pensado que eras especial y después de tantos años me reafirmo. Ahora te casas, trabajas en el extranjero, te doctoras, escribes, viajas y amas. Adelante, siempre adelante. ¿No te das cuenta de todo lo que un gatito como tú ha conseguido? Sí, claro que sí. Nada de gatito; pantera. Solo te falta aprender a nadar...!

Feliz cumpleaños.